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Terra
La Coctelera

Categoría: Cosas

RELATO?

No es un relato.
Es una noche fría y templada, clara y nublada, triste y muy triste. Algunas cosas mueren apenas empezar, inesperadamente, cuando todo parecía sonreir.

Se desprende un rayo mustio del sol que alumbraba y parece que el astro entero hubiera sido devorado por las tinieblas. Es muy difícil abrir la ventana y no encontrar la luz de todos los días. Decirse: hoy no hay luz, tendré que encender la bombilla. ¡Llevaba tanto tiempo sin encender la bombilla!

Cuando yo encendía la bombilla vivía en una casa vacía y escribía cartas desde mi celda. Recuerdo que tras la ventana descendía un eterno invierno como un sonajero roto, que las nubes no volaban y casi rozaban mi cabeza...

Me despertaba y recordaba la pesadilla desagradable. Yo nunca había vivido en una casa vacía con nubes bajas con sonido a sonajero y al escribir, ¡oh, sí!, de mi mano salían siempre notas de esperanza.

Era niño y dormía con un espejo blanco al lado de la almohada como si fuera un muñeco de trapo. Creía que podía verme mientras dormía, porque en el sueño pasaban las cosas agradables cuando eran tristes.

¿Por qué se cayó ese rayo? ¿No estaba bien sujeto? Y, ¿qué haces tú, sol, que no sujetas bien tus rayos?
Dormiré en mi noche encendida y apagada.
Desterraré a los pájaros que vengan a cantar a mi vantana.
Soñaré mi sueño con mi espejo blanco.
Y guardaré el rayo dobledo en un armario...

Un ejército de nubes se lleva mi relato que no es relato, ni carta de celda. Se lleva minutos de pensamiento extraño.
Lloverán minutos de pensamiento extraño.
Y extraños pensamientos de a minuto.

ESCUCHA:
JENNIFER LÓPEZ - J To Tha L-O!

WHERE...?

Where have all the flowers gone?
Long time passing.
Where have all the flowers gone?
Long time ago...

Where have all the flowers gone?
Youn men pick them every one.
When will they ever learn... when will they ever learn.

ESCUCHA:
E.L.O. -It's a living thing

LABERINTO

El payaso tocaba su trompeta despegando notas infinitamente tristes de sus ojos pintados y el chico no sabía ya donde estaba. Se había perdido por los pasillos azules de una adolescencia que ya no era la suya. Los fantasmas, aquellos que nunca se fueron, reaparecían de vez en cuando detrás de las esquinas de piedra, insistentes, cansinos, pero nunca acabados...

Los amaneceres, nunca tan seguidos, tan continuos, sabían a poco, a lejanía, a ventanas demasiado abiertas, a estrellas demasiado separadas...

El payaso seguía tocando su trompeta con silencios infinitos encadenados a sus labios grandes y el chico soñaba de mil maneras distintas por laberintos de acuarelas fáciles.

La calle, no obstante -y no precisamente a la hora del amanecer- respiraba como nunca sensualidades cinematográficas, aquelarres imprevistos, desbarajustes noveleros y melodías enervantes, que no eran como las notas que salían de la trompeta triste del payaso...

ESCUCHA:
ANDY GIBB - Everlasting love

EL FINAL DEL VERANO


Para ti, A. es el puntazo en el pecho del último camino de arena, el último olor de pelo mojado y el último trozo de piel morena; la sombrilla azotada por el viento sesgado, el sol cansado y opaco, las nubes más bajas; el último estribillo de la última canción de la última noche en vela, y el día, o mejor la tarde, en que se amontonaron los besos y tú no querías besar ya más, porque cada beso era una despedida...

Para ti, B. es la escena en la que tú amarraste la bici hasta no sabes cuándo y te dolió más que si no lo hubieras hecho nunca, porque cuando vuelvas a coger la bici tú ya no serás el mismo ni ellos tampoco. La bici sí, pero tú ya no, aunque estés más guapo y hayas cambiado de sueños. La bici sí, pero ellos tampoco, aunque sean más mayores y te miren con ojos de tiempo.

Para ti, C. es la mañana en que te levantas y todo huele distinto. Y te asomas a la ventana para que todo sea mentira, y es verdad. Y te parece que te ahogas y de repente ves todo lo que todas las mañanas anteriores no habías visto: un libro, un bolígrafo, un perchero, un disco abandonado, una funda de chicle que tiene que ser la de aquel día que quisiste enmascarar el aliento al entrar en casa porque era tan pronto para haber bebido tanto...

Para ti, D.
Para ti, E. es esa angustia conocida que te lleva otra vez al desván desde todos los años que hace que no lloras y no sabes para qué vuelves al desván si tampoco vas a saber llorar allí. Ni aquí ni allí, porque estás condenado a amar, pero no a llorar como sólo lloran los felices.

Las filas de ventanas abiertas y cerradas, mudas entre historias de verdad y de mentira. Mañanas que sólo sueñan, tardes que sólo imaginan y noches que, sin embargo, duermen, soñando con flores arrancadas de tu sitio, descorriendo cortinas, inventando sonrisas.

Aquel día bonito, día cualquiera, con una nube delgada parecida, con esa mirada ignorada y grande y la música caprichosa que se queda... todo sugiere una escena por delante, posible felicidad mientras no sea querida y escondida...

Las fotos que no quieres ver porque te van a hacer llorar. Los números que metiste todo ilusionado y ahora quieres que desaparezcan porque están al otro lado del mundo, porque cuando se acaba el verano TODO está al otro lado del mundo, TODOS están al otro lado del mundo.

Aunque no llueva jamás, todo huele a agua, y tú quieres que la calle huela a menta como si fuera un caramelo. Pues no.

Del final del verano hay que salir corriendo, de repente, de estampida, sin detenerse, sin volver la vista atrás. Nada de quedarse a la orilla de la piscina con una música asesina viendo como cambia el horizonte. Nada de agarrarse al mar desde la explanada porque están tan bonitos los barcos mordiendo la estela del sol. No. Nada. Fuera. Que cierres los ojos y de repente te envuelva la calle con impermeables y humo de café caliente con un puñadito de hojas secas repartidas estratégicamente por la acera.
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EDIE BRICKELL - Good time bad time