Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: ELLOS ( They are...)

CREPÚSCULO

Y pensar que ya casi eres de noche, que ya nada me recuerda a lo que fuiste día, que si te amo tiene que ser en sueños, que si te oigo lo tengo que imaginar, que si te quiero te tengo que recordar...

Y, sin embargo, estás vivo. A veces te asomas a la página de un periódico, o tu nombre suena en una conversación que no tiene nada que ver contigo, o nos encontramos en las calles de piedra y ya casi no sabemos qué decirnos, hablamos de algo, de todo lo que no tiene que ver con nosotros. Nunca hablamos, ni hablaremos, de cuando tú sabías que estaba pasando el tiempo y yo no, yo no sabía o no quería o las dos cosas... nunca hablamos de la última vez, de aquel viaje por carreteras imposibles, ni de la primera, otro viaje surrealista, ni del balcón de primavera con las niñas arrojándonos canciones, ni de Bilitis oliendo a Gotas de Oro o de Gotas de Oro sabiendo a Bilitis, ni de aquella tarde luminosa de primavera sentados a la entrada de un metro de Moncloa bebiendo una cocacola por acciones...

Ya casi eres de noche. Eres un crepúsculo. El crepúsculo es lo que tiene, que ya no asombra, ni aterroriza, que ya se sabe fijo lo que va a venir después, lo que queda por venir, si es que viene. Y se puede pensar, para engañarse, que sea como sea la vida siempre va a acabar así, primero en el crepúsculo y luego en la noche. Es una solemne tontería, porque la diferencia entre haber vivido y no haber vivido es nada menos que La Vida. Eso es La Vida, la diferencia entre haber vivido y no haber vivido. ¡Qué risa! ¿Por qué no lo sabía yo antes? Porque no, porque no lo sabía, lo mismo que cuando tú sabías que estaba pasando el tiempo y yo no, no lo sabía, o no quería, o las dos cosas...

ESCUCHA:
BEE GEES - Too much heaven (no more)

QUERIDO CHAPERO16:

--------------------------------------

Querido CHAPERO16:

Te echan de la pecera. Borran, quieren borrar, de un plumazo tus dieciséis años, tus dieciséis recuerdos, las canciones heterogéneas que colgabas debajo de tus polvos, esos polvos tan divertidos, tan naturales, tan coloristas...

Te hubieran dejado, yo creo, si hubieras sido desgraciado, si tus polvos, en vez de divertidos, fueran sórdidos, si hubieras llorado un poco en vez de haber reído tanto... yo creo que, en el fondo, les has dado mucha envidia con tus orgasmos tan tempranos, tan contundentes, tan frecuentes, tan musicales y tan rotundos...

No te preocupes. De mí, no te borran. Dime donde estás que yo voy para allá. Escribe en otro sitio o mándame a mí lo que escribas, que yo te lo pongo donde sea... y un día, cuando podamos, les llenamos de polvos la coctelera.

Un besazo y hasta hoy

DODGE

ESCUCHA:
SABOR AMARGO -Lágrima

TU SBES Q ALGUNA VEZ FUISTE...

Sus labios tampoco eran tan distintos de los míos; eran labios muy muy guapos, como los míos...pucha, yo creía, sabía que era tan guapo como él. Y lo era.. pucha!, yo creía que sabía salir de la lluvia subiendo la cabeza sin mojarme mucho...

...pero su guapura me destrozó. Fue su guapura, lo sé, porque lo demás se podía comprar y aquello no, que entonces yo era muy chiquito y cuando me hacía tanto daño la belleza no sabía qué era lo que me pasaba y me rebelaba, y lloraba y no sabía por qué.

Pucha, los labios, yo nunca me había fijado en los labios de un tío, pero no eran los labios, pucha, era él con esos labios, por la noche con la luz apagada y yo quiero esos labios, para qué los quieres, memo. Pucha, por que sí...

...pucha!, yo creía que sabía salir de la lluvia subiendo la cabeza sin mojarme mucho...

ESCUCHA:
That`s all

SENTADOS AL BORDE DE LA MAÑANA Y CON LOS PIES COLGANDO...

Nos gustan por eso, porque nos creemos que son un trozo de la vida que nos hemos dejado por ahí, olvidado, sin vivir, sin soñar, sin realizar, sin acariciar.

Los queremos por eso, porque nos parece que el tiempo fue así alguna vez. Queremos creer que tienen algo que ver con todo lo que nos prometimos, con lo que nos creíamos que sentíamos cuando llorábamos borrachos, cuando nos dejaban solos porque no sabíamos amar, cuando queríamos romper la vida y no sabíamos cómo , y entonces lo rompíamos todo menos la vida....

Los queremos cerca para seguir engañándonos, con sus cuerpos, porque siempre acabaremos vistiéndolos de nuestro recuerdo; con sus sonrisas, aunque sabemos que se diluirán antes de que nos dé tiempo a pintarlas; con su fragilidad aparente, porque en realidad es una saeta envenenada capaz de atravesar dos cuerpos juntos, si están abrazados...

Y sobre todo, los queremos beber para olvidarlos y para olvidarnos, para que no quede nada en la copa que, sin embargo, cada vez que vuelven a sonreír se llena y cada vez que lloran se vacía.

Lo sabemos, pero no acabamos de querer creer que hay una muralla enorme, un espacio infinito, una sábana muy grande donde naufragan los besos, las letras, las canciones, los sentimientos y hasta las caricias; donde sólo flota el deseo.
ESCUCHA:
A. GIBB & O. NEWTON-JONES - I can`t help it

MÁTAME

--------------------------------------------

El tiempo es mi enemigo

Ezra Pound

El tiempo es como el whisky. Lo consumes para vomitarlo y al final te das cuenta de que no existe

Terenci Moix
--------------------------------------------

Le dio la capsulita y le dijo:
"Cuando me convierta en un viejo odioso, mátame. Yo entonces ya no me daré cuenta de que me habré convertido en la persona a la que más odio."

Pero el más joven era un pragmático. Se le ocurrió que algo parecido debió ser lo que Adriano le pensaba decir a Antinoo en un atardecer de Antioquía, cuando el joven estuviera tan distraido con la belleza que no pudiera replicar. Pero Antinoo no se distraía jamás, y ya tenía el alma toda ocupada con su propia muerte: "Cuando deje de respirar, le querré más que nunca..."

Se equivocaba, claro. Cuando dejas de respirar es cuando más te quieres a ti mismo.

Arrojó la botellita al arroyuelo placentero, que se la llevó como una burbuja más. Viéndola partir desde la orilla, el más joven sonreía:
"Tenía que haberme dado una daga florentina. No se da cuenta de que serán sus propios años los que le maten, que el tiempo es su mejor verdugo, que dentro de cada uno han colocado a su propio asesino, para que nada falle...

ESCUCHA:
LLQNQ - los años que nos quedan por vivir

EL SEXO ME EMOCIONA

Debe ser por aquella vez, desde aquella vez. Yo ni sabía que se podía hacer eso con un cuerpo. Comunicarse así, sentirse así, llamarse así sin ruido, soñarse despiertos... hasta entonces yo siempre me había creído que el sexo era una lucha, una lucha donde uno se empeñaba en apoderarse de cosas del otro: de su belleza, de su sonrisa, de su mirada, de su olor, de su reflejo, yo que sé y luego uno acababa, al revés, dejando allí un montón de cosas suyas: su semen, su piel, su sudor, su aliento... pero aquella vez no fue una lucha, fue una conquista a dos, los dos íbamos conquistando la tierra de las islas precipicio a precipicio, monte a monte, verso a verso, luna a luna. Tú imaginate que una noche estás emocionado con la luna y dices bébetela toda ahora, sácale fotos, escríbela, porque mañana desaparece. Y mañana sigue la luna. Y otro, y otro y una madrugada lo que acabas temiendo es que la felicidad te acostumbre, que termine meciéndote así día tras día. Yo he conocido gente así, gente que es tan feliz, tan feliz, que no se entera... Bueno, cuando se fue la luna no se lo llevó todo. Todavía ahora el sexo me emociona.

ESCUCHA:
SAMANTHA SANG - Emotions

ERAS TÚ. FUISTE TÚ - (Dedicado a Chapero16)

ERAS TÚ, FUISTE TÚ

Salías a tu encuentro

y la noche te respiraba apretándote los hombros;

no tú a ella.

Te bañabas en vasos de colores velados

y el agua te abrazaba barriendo olores nuevos;

no tú a ella.

Te acunaba con mimo la oscuridad de la belleza,

salías a tu encuentro escogiendo las estrellas,

devorabas silencios en las esquinas quietas

y perfumabas ojos en las calles secretas.

La noche te bebía;
no tú a ella.
La oscuridad te amaba;
no tú a ella.
Te sonreía el agua;
no tú a ella

y las esquinas quietas vomitaban regalos,
oscuros mordiscos de tristeza.
-----------------------------------
ESCUCHA:
DR. HOOK - Sharing the night together

DEMONIO BELLO

Estabas allí encerrado porque "te ibas a la sierra". Cogías la furgoneta de tu padre, dejabas atrás Madrid y enfocabas a los montes, a cualquier monte. La furgoneta terminaba siempre quedándose sin gasolina y los de tráfico recogiéndote para llevarte a tu casa. El caso es que sabías perfectamente lo que hacías, pero "un cuerpo tiraba de ti" y era más fuerte que tú. La última vez te encontraron muerto de frío y de hambre, porque habías elegido una carretera demasiado solitaria en pleno invierno, pero no siempre fue tan grave: al principio te contentabas con separarte de los amigos, entrar solo en un bar cualquiera y ponerte a hacer guarradas con el café y el azúcar, salpicando a la gente.

Te tomaban entonces por un chico mal criado, por un gamberro fino, hasta que un día te dio por desnudarte en un sitio poco recomendable y te creyeron un chapero. Al hombre que te llevó a su casa y te atiborró de pipermín se le cayó el pelo y a ti no te pasó nada. Cuando el cura del colegio entró a buscarte a la comisaría no podía creer lo que veían sus ojos: nadie -ni tú mismo- se había preocupado de vestirte. A los policías aquellos les debió hacer gracia tu desnudez y allí estabas tú, quince años, sentado en una mesa llena de teléfonos, sin más cosa que una gorra de policía en la cabeza y bromeando con todo el personal.
No te echaron del colegio entonces, ya ves. Pero corrió la voz, se enteraron todos y poco a poco empezaste a notar que en tu cuerpo había algo mágico, aunque no lo entendías muy bien. A la hora de la piscina, y en las duchas, te dabas cuenta de que todos iban a por ti, a por tu cuerpo, de mil maneras y con mil disculpas no siempre veladas. Al principio era simplemente algo que te resultaba molesto -tú mismo me lo contaste- y poco a poco se fue transformando en una agradable sensación de dominio. De alguna manera, te gustaba que te buscaran, que intentaran rozarse contigo con cualquier excusa, te halagaba que te desearan y eso te hacía sentirte fuerte.

Tengo aquí delante la primera foto, la de tu ficha del internado. Tenías una cara limpia, una mirada muy azul y muy profunda y unos huesos muy bien colocados, eso es lo primero que se ve en la foto; pero si se mira un poco más dentro se ve también que sabías adoptar una atrayente actitud de vulnerabilidad. Siempre fuiste un maestro en eso de parecer frágil, desprotegido, desamparado. Y no lo eras, no lo estabas en realidad, ni siquiera al principio, la primera vez que te metieron en mi despacho empujándote un poco. Enseguida sonreíste porque me calibraste como a una presa fácil; mientras recogías tu informe de la mesa me estabas mirando a los ojos de una manera infinita, no devorándome, sino para que yo te devorara.
Aquello, a tu edad, no podía ser prefabricado, tenía que ser innato. Siempre he dicho que hay personas que tienen una carga sexual extraordinaria aparte de sus rasgos físicos y tú eras una de esas personas. Estabas en un sitio y parecía que sólo estabas allí para que te acariciaran, para que te envolvieran, para que se fundieran con tu cuerpo. Estabas sentado frente a mí y parecía que sólo estabas allí para que yo te amara y tú te dejaras amar. Sin embargo, estabas allí porque eras "una orquesta sin director", porque por perfecto que fuera el funcionamiento aislado de tus instrumentos, de tus elementos, la coordinación estaba perturbada y el sonido era siempre discorde. El sonido discorde con frecuencia eras tú en tu cuerpo de efebo peligroso prostituyendo -eso decían- a los que te rodeaban y escandalizando -claro- a los que no podían tocarte. El sonido discorde eras tú enfilando un monte cualquiera, hasta que la noche te engullía y los ruidos secos de tus perseguidores rompían tu idilio desnudo con la tierra seca y la luna mojada. ¿No era eso lo que quisiste contarme aquella vez?, porque además eras poeta y tu vida enferma era poesía, porque en ti -lo supe desde el principio- no podía haber nada sórdido, brutal, ni mezquino.
Así empezó todo. Así abrí tu ficha una tarde hueca en la que llegué a comprender, antes de que anocheciera, que tú no ibas a tener historia, que, a lo sumo, ibas a ser nada más que un episodio dentro de la mía. Todavía no sé si me equivoqué. Entonces yo era -¿lo soy aún?- una especie de pedante inexperta que no sabía muy buen qué hacer con los treinta y tres años que se suponía que tenía, si subir con ellos a los cielos o bajar sin ellos a los infiernos. En aquella maldita serie de tardes huecas sentada frente a ti empecé a verme descolorida, anémica, cenicienta, menuda. Tampoco podía sustraerme, cada vez más, a elucubrar maldiciones en las que siempre estaba presente tu cuerpo rubio; conmigo; sin mí; solos los dos, como efectivamente estábamos; buscándome tú miedoso -paranoia absurda- por los rincones aborrecibles de mi pretendida experiencia; llorando tus ojos inmensos -nunca lo hiciste- sobre mi hombro estúpido de mujercita seca; bañándome con tu cuerpo en la piscina histérica del país de nunca jamás.

Así cabalgaba mi cabeza desquiciada mientras tú desgranabas sobre el verde de mi mesa ideas seductoras, pensamientos inconexos, vidas prefabricadas que yo debía definir, clasificar, organizar y solucionar. Hasta que una noche soñé que te ataba, que nunca más te iba a dejar salir de allí, que nadie volvería a tocar tu cuerpo más que yo, aunque fuera sólo con los ojos apagados de mi mente. Aquella madrugada clara, sonora de pájaros histéricos, me despertó, por primera vez, bañada en alcohol.
Desde entonces te recibí más o menos borracha, con los ojos más o menos brillantes y los dolores más o menos anestesiados. Entre tú y yo, la botella blanca de Chinchón de la Alcoholera que la madre de mi último esquizofrénico había dejado en el despacho. Ahora tocaba soñar mientras escalaban primaveras increíbles que se atascaban en los estores de las ventanas gemelas. Tu informe se fue llenando de poesía, de versos míos ajenos a ti que yo quería que fueran tuyos porque pegaban más con tu piel impoluta que con mis sueños dolorosos. Cada mañana imposible yo me vaciaba a porrazos histéricos para poder llenarme de ti. Aquella niña blanca que yo fui inventando columpios adversos se apeaba ante ti para ofrecerte cosas raras en un trozo de parque caliente.
Claro que intenté dejar de verte, trasladarte, eclipsarte, o, al menos, desproporcionarte. Creo que una vez intenté reducirte a Peter Pan pidiendo sitio en algún sitio. Por unas horas creí que tú pudieras ser adoradoramente irreal en la película absurdamente inversa de mi vida.
La primavera ya se instalaba en su particular meseta de estallidos cuando empecé a fotografiarte. Al principio fue una broma, un segundo mágico de la polaroid, que me sorprendió porque era capaz de colocar todavía mejor el perfil de tus huesos en el recorte de mis paredes desnudas. Después fue una obsesión: se me acababa el lienzo corto de las paredes vacías y de mi alma lisa para llenarlo con tus imágenes sublimes de demonio bello. Tú te reías cuando entrabas y te veías reflejado en todas partes, en todos los tamaños. Demonio bello. Mi demonio bello...
ESCUCHA:
ANDY GIBB - I`ve gotta get a message to you