Para ti, A. es el puntazo en el pecho del último camino de arena, el último olor de pelo mojado y el último trozo de piel morena; la sombrilla azotada por el viento sesgado, el sol cansado y opaco, las nubes más bajas; el último estribillo de la última canción de la última noche en vela, y el día, o mejor la tarde, en que se amontonaron los besos y tú no querías besar ya más, porque cada beso era una despedida...

Para ti, B. es la escena en la que tú amarraste la bici hasta no sabes cuándo y te dolió más que si no lo hubieras hecho nunca, porque cuando vuelvas a coger la bici tú ya no serás el mismo ni ellos tampoco. La bici sí, pero tú ya no, aunque estés más guapo y hayas cambiado de sueños. La bici sí, pero ellos tampoco, aunque sean más mayores y te miren con ojos de tiempo.

Para ti, C. es la mañana en que te levantas y todo huele distinto. Y te asomas a la ventana para que todo sea mentira, y es verdad. Y te parece que te ahogas y de repente ves todo lo que todas las mañanas anteriores no habías visto: un libro, un bolígrafo, un perchero, un disco abandonado, una funda de chicle que tiene que ser la de aquel día que quisiste enmascarar el aliento al entrar en casa porque era tan pronto para haber bebido tanto...

Para ti, D.
Para ti, E. es esa angustia conocida que te lleva otra vez al desván desde todos los años que hace que no lloras y no sabes para qué vuelves al desván si tampoco vas a saber llorar allí. Ni aquí ni allí, porque estás condenado a amar, pero no a llorar como sólo lloran los felices.

Las filas de ventanas abiertas y cerradas, mudas entre historias de verdad y de mentira. Mañanas que sólo sueñan, tardes que sólo imaginan y noches que, sin embargo, duermen, soñando con flores arrancadas de tu sitio, descorriendo cortinas, inventando sonrisas.

Aquel día bonito, día cualquiera, con una nube delgada parecida, con esa mirada ignorada y grande y la música caprichosa que se queda... todo sugiere una escena por delante, posible felicidad mientras no sea querida y escondida...

Las fotos que no quieres ver porque te van a hacer llorar. Los números que metiste todo ilusionado y ahora quieres que desaparezcan porque están al otro lado del mundo, porque cuando se acaba el verano TODO está al otro lado del mundo, TODOS están al otro lado del mundo.

Aunque no llueva jamás, todo huele a agua, y tú quieres que la calle huela a menta como si fuera un caramelo. Pues no.

Del final del verano hay que salir corriendo, de repente, de estampida, sin detenerse, sin volver la vista atrás. Nada de quedarse a la orilla de la piscina con una música asesina viendo como cambia el horizonte. Nada de agarrarse al mar desde la explanada porque están tan bonitos los barcos mordiendo la estela del sol. No. Nada. Fuera. Que cierres los ojos y de repente te envuelva la calle con impermeables y humo de café caliente con un puñadito de hojas secas repartidas estratégicamente por la acera.
ESCUCHA:
EDIE BRICKELL - Good time bad time