SENTADOS AL BORDE DE LA MAÑANA Y CON LOS PIES COLGANDO...

Nos gustan por eso, porque nos creemos que son un trozo de la vida que nos hemos dejado por ahí, olvidado, sin vivir, sin soñar, sin realizar, sin acariciar.
Los queremos por eso, porque nos parece que el tiempo fue así alguna vez. Queremos creer que tienen algo que ver con todo lo que nos prometimos, con lo que nos creíamos que sentíamos cuando llorábamos borrachos, cuando nos dejaban solos porque no sabíamos amar, cuando queríamos romper la vida y no sabíamos cómo , y entonces lo rompíamos todo menos la vida....

Los queremos cerca para seguir engañándonos, con sus cuerpos, porque siempre acabaremos vistiéndolos de nuestro recuerdo; con sus sonrisas, aunque sabemos que se diluirán antes de que nos dé tiempo a pintarlas; con su fragilidad aparente, porque en realidad es una saeta envenenada capaz de atravesar dos cuerpos juntos, si están abrazados...
Y sobre todo, los queremos beber para olvidarlos y para olvidarnos, para que no quede nada en la copa que, sin embargo, cada vez que vuelven a sonreír se llena y cada vez que lloran se vacía.
Lo sabemos, pero no acabamos de querer creer que hay una muralla enorme, un espacio infinito, una sábana muy grande donde naufragan los besos, las letras, las canciones, los sentimientos y hasta las caricias; donde sólo flota el deseo.
ESCUCHA:
A. GIBB & O. NEWTON-JONES - I can`t help it


